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ChatGPT ya juega en la liga de Instagram y Facebook: su verdadero triunfo no es la inteligencia, es la atención

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Durante años, cada avance tecnológico se evaluó con la misma vara: más potencia, más precisión, más “inteligencia”. Con ChatGPT, ese criterio resulta insuficiente. El verdadero punto de quiebre no está en cómo razona, sino en cuánto tiempo consigue retener a millones de personas. Y los números muestran algo claro: la IA ya no compite con otras IAs, compite directamente con las redes sociales.

De acuerdo con datos de Similarweb, en septiembre de 2025 las plataformas de inteligencia artificial generativa alcanzaron cerca de 7.000 millones de visitas mensuales, lo que representa un crecimiento interanual del 76 %. Dentro de ese ecosistema, ChatGPT se desmarcó del resto con 5.900 millones de visitas en un solo mes, quedando peligrosamente cerca de Instagram y superando a casi todas las plataformas, excepto gigantes como Google, YouTube y Facebook.

El verdadero campo de batalla: capturar la atención

En la economía digital hay una regla que se repite desde hace más de una década: la atención es el recurso más valioso. Es la lógica que convirtió a las redes sociales en imperios globales y transformó el tiempo personal en mercancía.

ChatGPT encaja perfectamente en ese modelo. Aunque cada interacción tiene un costo real —servidores, energía, modelos cada vez más complejos—, OpenAI sigue atrayendo inversiones multimillonarias. No porque el negocio esté completamente resuelto, sino porque el activo que está construyendo es mucho más valioso a largo plazo: tiempo humano sostenido.

Para millones de usuarios, ChatGPT dejó de ser una herramienta ocasional. Hoy se utiliza para estudiar, trabajar, informarse, redactar textos, programar o simplemente ordenar ideas. Esa frecuencia de uso es el verdadero tesoro de internet.

De aplicación a infraestructura digital

Aquí ocurre el cambio más profundo. ChatGPT ya no se comporta como una app más, sino como una nueva capa base de la web. Para muchas personas, se ha convertido en el primer punto de consulta antes de abrir un buscador, una red social o un sitio especializado.

Ese rol explica por qué su crecimiento despierta tanta expectativa —y también inquietud— en la industria tecnológica. Controlar la puerta de entrada al conocimiento cotidiano es algo que, hasta ahora, solo habían logrado los grandes buscadores y las plataformas sociales.

El paso inevitable: monetizar la conversación

Con este nivel de tráfico, la pregunta no es si ChatGPT se monetizará, sino cuándo y de qué forma. OpenAI ya ha insinuado una posibilidad que parecía inevitable: la incorporación de publicidad, especialmente en los planes gratuitos.

La idea reabre debates conocidos.

¿Puede un sistema conversacional mantener neutralidad si su modelo de negocio depende de anuncios?

¿Qué sucede con la privacidad cuando cada interacción puede convertirse en un espacio monetizable?

Son dilemas que recuerdan, inquietantemente, a los que marcaron la evolución de las redes sociales durante la última década.

El dominio primero, los beneficios después

Por ahora, los números financieros no son los ideales para Sam Altman, y la rentabilidad directa sigue siendo un desafío. Sin embargo, el mensaje que envían las métricas es contundente: el control de la atención ya es una realidad.

Miles de millones de visitas mensuales no son una promesa futura, sino una posición de poder en el presente.

Por eso, más allá de la discusión sobre si ChatGPT es “la mejor IA”, el fenómeno apunta en otra dirección. La inteligencia artificial dejó de ser solo una tecnología emergente. Se ha convertido en uno de los mayores captadores de atención que ha creado internet.

Y la historia de la web lo demuestra una y otra vez:

quien domina la atención, tarde o temprano, domina todo lo demás.

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