
¿Energía para todos?
Si hoy ya afrontamos profundas secuelas ambientales derivadas del uso de combustibles fósiles, ¿qué escenario nos espera cuando, en un futuro próximo, seamos 10.000 millones de habitantes en la Tierra? ¿Energía para todos?
El cambio climático detonado por las emisiones descontroladas de dióxido de carbono es la causa de las olas de calor, las sequías, las inundaciones y la exacerbación de los modelos climáticos que se da en muchos lugares del planeta. A la vez, la población no para de aumentar y se generan nuevas demandas energéticas. Abastecer a la población mundial requiere combinar la necesaria reducción del dispendio energético con el aumento decidido de energías renovables y limpias.
Por todos es sabido que los combustibles fósiles son finitos. Antes o después se agotarán. Desde hace años se habla de que nos hallamos en el cénit del petróleo, lo que significa que ya se ha traspasado la tasa máxima de extracción, por lo que la producción será cada vez menor y más cara. Algunos autores señalan que el cénit del gas está al caer, y algo más tarde, a mediados de este siglo, se alcanzará el del carbón. Tampoco el uranio, del que dependen las centrales nucleares, durará para siempre: se prevé que también dentro de este siglo xxi alcance su cénit. Es por tanto una evidencia que el motor del mundo, queramos o no, va a tener que cambiar de combustible. Cuanto antes, mejor.
A merced del viento.
Según apunta el informe de la situación mundial de las energías renovables de 2016 (REN21)*, el 76,3 % de la indispensable energía eléctrica se obtiene de fuentes no renovables, y el restante 23,7 %, de energías verdes (de entre las cuales la hidráulica representó el 16,6 %). La fuerza del viento, capaz de mover un sinfín de turbinas generadoras de ese valioso flujo de electrones, es hoy un puntal dentro de las renovables. La eólica es, después de la hidráulica (que en muchas regiones ha visto disminuida su producción debido a las sequías), una de las fuentes de energía más productivas para generar la electricidad con la que iluminamos nuestros hogares y funcionan los electrodomésticos, el aire acondicionado, las telecomunicaciones, los motores eléctricos o la robótica.


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