
Un futuro que ya no es hipotético, según uno de los arquitectos de la IA moderna
Durante décadas, la inteligencia artificial avanzó lentamente, casi en silencio, hasta que se convirtió en el motor invisible de los dispositivos, aplicaciones y servicios que usamos a diario. Pero para Jürgen Schmidhuber —uno de los pioneros que sentó las bases de la IA actual— este crecimiento no es simplemente progreso tecnológico: es la antesala de una transformación radical que cambiará para siempre la relación entre el ser humano y el empleo.
Sus advertencias no se formulan en condicional. Para Schmidhuber, el fin del trabajo humano tal como lo conocemos tiene fecha, y su impacto será tan profundo como irreversible.
El arquitecto de las redes neuronales que transformaron la tecnología
Cada vez que dictas un mensaje por voz, utilizas un traductor automático o consultas un asistente virtual, estás interactuando con tecnologías posibles gracias a las LSTM, un avance crucial desarrollado por Schmidhuber y su equipo en los años 90.
Estas redes se convirtieron en el corazón de los sistemas de reconocimiento de voz, traducción automática y modelos de lenguaje como los que hoy dominan Internet.
Pero ahora, el científico dirige su mirada hacia el futuro, no hacia el pasado. Sus análisis —publicados en entrevistas y conferencias disponibles en diversas investigaciones académicas— apuntan a un horizonte muy específico: el año 2042, la fecha en que la IA superará definitivamente a la inteligencia humana.
2042: el año en que la IA sobrepasará la capacidad cognitiva humana
Según Schmidhuber, las capacidades de la IA crecerán de forma exponencial hasta alcanzar un punto de no retorno:
las máquinas serán mejores que nosotros en prácticamente todas las tareas que hoy consideramos “humanas”.
Esto no significa solo automatización. Significa que:
- la producción económica no dependerá de personas,
- el trabajo dejará de ser necesario para sostener sistemas productivos,
- y la sociedad deberá reorganizar su estructura fundamental.
Para el científico, este escenario no es distópico, sino la puerta hacia una economía de abundancia, donde la escasez deja de ser el motor que rige la actividad humana.
Pero la transición —advierte— será profunda e incómoda.
Los primeros empleos en desaparecer no serán los manuales
Durante años se pensó que las máquinas reemplazarían primero a los trabajos físicos. Schmidhuber rebate esta idea con contundencia:
“Arreglar una tubería es más difícil que jugar ajedrez.”
Sus proyecciones indican que los trabajos administrativos e intelectuales serán los primeros en caer, debido a que:
- dependen de manipulación de información,
- son repetitivos,
- y ya están siendo realizados con éxito por sistemas como modelos de lenguaje avanzados.
Tareas como redactar informes, analizar datos, generar documentos o procesar solicitudes son precisamente el tipo de funciones que la IA ejecuta de forma veloz, precisa y escalable.
2029: el año en que nacerán las primeras IA capaces de reproducirse
Entre sus predicciones más disruptivas, Schmidhuber ubica un segundo punto crítico en el año 2029:
el surgimiento de sistemas de IA capaces de auto-replicarse, es decir, de construir versiones de sí mismos sin intervención humana continua.
Este tipo de sistema —una especie de fábrica autónoma de IA— aceleraría de forma dramática el reemplazo del trabajo humano, multiplicando capacidades sin necesidad de supervisión manual.
Un salto tecnológico que recuerda a la revolución industrial, pero exponencialmente más rápido.
El debate inevitable: ¿qué pasará cuando ya no seamos necesarios para trabajar?
Algunos expertos ven en este futuro una amenaza existencial. Otros, una oportunidad para redefinir qué significa vivir en una sociedad donde trabajar ya no es el eje de la vida.
Schmidhuber prefiere evitar el dramatismo. Para él, la pregunta no es si la IA nos reemplazará, sino:
¿estamos preparados para un mundo donde la economía funciona sin trabajadores humanos?
Un escenario donde la creatividad, las relaciones, el conocimiento y el bienestar podrían convertirse en los nuevos pilares sociales… siempre que sepamos gestionar la transición.


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